No, Irán no es una democracia

25/Feb/2016

El Medio - Por Michael J. Totten

No, Irán no es una democracia

La
revista Vox acaba de publicar un vídeo en YouTube, narrado por Max Fisher, que
supuestamente explica por qué las próximas elecciones iraníes podrían ser
históricas.
Fisher
empieza diciendo que Irán resulta confuso porque tiene a un “líder supremo no
electo en la cúspide”, y a un presidente elegido en unas elecciones que “distan
de ser perfectas”. “Entonces, ¿Irán es una dictadura o una democracia?”,
pregunta antes de responder: “Resulta que es las dos cosas”.
No,
no lo es. Max Fisher contestó correctamente a la pregunta antes de responderla.
El jefe de Estado no es un cargo electo.
Y
decir que las elecciones “distan de ser perfectas” es el tipo de eufemismo
condescendiente que siempre se utiliza para referirse a los problemas ajenos.
Dejemos
de lado las elecciones presidenciales iraníes de 2009 y su flagrante robo de
votos, en las que Mahmud Ahmadineyad fue proclamado ganador en distritos que se
le oponían de forma tan abrumadora como San Francisco se opone a Dick Cheney.
No prestemos atención ahora a ese lamentable episodio.
Las
elecciones en Irán son amañadas incluso cuando no lo están.
El
líder supremo, Alí Jamenei, selecciona a quienes se postulan para la
presidencia. Los moderados son rechazados por sistema. Sólo a los menos
moderados de entre los moderados, aquéllos que no provocarán demasiados ardores
de estómago a Jamenei si ganan, se les permite presentarse. Los candidatos
liberales y de izquierdas son rechazados categóricamente.
Imaginemos
que Dick Cheney fuera líder supremo de Estados Unidos y que nos dejara elegir
cuál de sus amigos iría en el asiento del copiloto. Eso no es democracia. No es
ni siquiera una farsa de democracia. Pero el sistema iraní es aún peor: el
presidente no es ni siquiera el copiloto.
El
presidente iraní no es exactamente un hombre de paja. Puede intervenir en
algunas cuestiones marginales, pero el país es dirigido por el líder supremo no
electo, por el Consejo de Guardianes y por la Guardia Revolucionaria, declarada
oficialmente organización terrorista.
Fisher
cree, no obstante, que las próximas elecciones podrían ser un punto de
inflexión, porque la llamada Asamblea de Expertos, que es un organismo electo,
elegirá al próximo líder supremo, y además el actual líder reconoce que
probablemente morirá pronto. Por tanto, si los moderados ganan las elecciones,
el próximo líder supremo será, prácticamente sin duda, moderado.
Eso
estaría genial. De verdad. Descorcharía una botella de champán. Irán seguiría
siendo un híbrido de dictadura y democracia, según la formulación de Fisher,
pero al menos sería menos extremista. Podría ser como la China posmaoísta, tal
vez, o la Rusia postsoviética. Sin libertad, pero ya no totalitaria. Sería un
progreso, qué duda cabe.
Pero
en el régimen iraní los moderados no son lo que cualquier definición objetiva
internacional considera como tales. Cualquiera que logre presentarse a la
elección para formar parte de la Asamblea de Expertos será seleccionado por el
líder supremo. Y cada uno de ellos será un teólogo islámico. Eso es lo que es la
Asamblea de Expertos: una institución teocrática de teólogos islámicos.
Ninguno
de los expertos es ateo. Ninguno de ellos es laicista. Ninguno es agnóstico.
Ninguno de ellos es liberal, según cualquier definición concebible de la
palabra liberal. Ciertamente, ninguno de ellos es cristiano, judío o bahaí.
Todos son teólogos islámicos, porque si no ni siquiera estarían en la Asamblea
de Expertos.
Así
que hagamos otro experimento mental. Pongamos que el fundamentalista cristiano
Pat Robertson fuera dictador vitalicio de Estados Unidos. Y que fuera más
poderoso que la Casa Blanca. Podríamos votar al presidente, aunque no fuera
nuestro jefe de Estado, pero Pat Robertson sería el único que decide quién va
en las papeletas. Y elige a Rick Santorum, a Mick Huckabee, a Ted Cruz y a Ben
Carson: ésas son nuestras opciones. Entretanto, Marco Rubio está en el paro,
Hillary Clinton está bajo arresto domiciliario y Bernie Sanders languidece
vestido con un mono naranja en el Campo Rayos X de la Bahía de Guantánamo. Los
activistas de izquierdas que protesten en las calles son encerrados en
mazmorras para siempre.
Por
otra parte, Pat Robertson va a morir pronto, así que selecciona a cientos de
cristianos evangélicos, sobre los que votaremos a favor o en contra. El ganador
decidirá quién le sustituye.
¿Se
parece eso remotamente a una democracia? ¿A un sistema que tiene elementos
autoritarios junto a elementos democráticos?
Yo
creo que no, para nada. Y me apuesto hasta el último dólar a que Max Fisher
tampoco lo creería si tuviese que vivir en semejante versión distorsionada de
Estados Unidos. Diría que es fascista, o algo parecido, y tendría razón.
Vox
publicó el vídeo en Facebook y YouTube, y la inmensa mayoría de los comentarios
son hostiles. Una enorme cantidad de adultos iraníes está participando y
dándole un repaso a los chicos de Vox. Resulta fascinante y didáctico, y espero
que también lo sea para Max Fisher y el resto de nosotros.